- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Un martes cualquiera que no lo fue
Nunca pensé que un martes pudiera cambiar tanto mi forma de ver las cosas.
Los martes suelen ser grises, automáticos, casi invisibles. Me levanté tarde, con el sonido del despertador peleando contra mis ganas de seguir soñando, y salí de casa sin esperar nada especial del día.
El camino fue el mismo de siempre. Las mismas calles, la misma gente con cara de “ya quiero que sea viernes”. Yo iba igual, con audífonos puestos y la cabeza en otro lado, hasta que algo pasó.
Me senté en la banca de siempre, esa que nadie mira, y por primera vez en mucho tiempo me quedé quieto. Sin celular. Sin música. Solo observando.
Vi a un señor reírse solo mientras leía un mensaje. Vi a una chica correr porque llegaba tarde. Vi a un perro dormir como si el mundo no tuviera problemas.
Y ahí entendí algo raro pero simple: la vida no siempre hace ruido cuando pasa algo importante.
A veces los cambios llegan despacio, sin avisar. No con grandes finales, sino con pequeños momentos que te hacen pensar “ok, tal vez esto sí importa”.
Ese martes no gané nada, no perdí nada, no pasó nada extraordinario…
pero volví a casa distinto.
Desde entonces escribo esto, porque si no lo cuento, se me olvida.
Y porque tal vez, alguien leyendo esto también esté teniendo un martes cualquiera…
y necesite recordar que incluso esos días cuentan.
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps
Comentarios
Publicar un comentario